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CHAVARUIZExaminadlo todo; retened lo bueno. |
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July 02 SE QUIEREN ESCABECHAR A NACHOEn la última semana de junio el diario La Jornada de Guerrero apuntó y disparó sus baterías contra el auditor general del estado, Ignacio Rendón Romero. Tres cargas difundiendo el estilo de vida del auditor, sus posesiones, Etc. El resto de la semana continuó desglosando aquella información y finalmente el jueves la Comisión de Vigilancia acordó realizar una auditoría a la Auditoría (AGE) porque hay observaciones en su cuenta pública del último cuatrimestre de 2008. La auditoría sería encargada a un despacho externo de la Cd. De México, “porque los despachos de Guerrero están en la red de complicidades del Auditor General (Dip. De la Rosa (PRD) dixit). No ha cesado el seguimiento de La Jornada a este caso: durante más de ocho días ha estado difundiéndolo. Ahora bien, qué bueno que hay información y que se le da seguimiento. Eso está muy bien. Pero a pesar del prestigio de La Jornada uno no puede sustraerse al sospechosismo que este asunto tiene: todo parece estar armado para perjudicar al auditor. Hay acuerdo de todos los partidos en la Comisión de Vigilancia para magnificar esta situación. Incluso, no se nos escapa que Rendón Romero llegó a ese cargo por política del exgobernador René Juárez, léase PRI; sin embargo, la diputada por ese partido, Gómez Maganda, es una de las que más atizan el fuego. ¿Será que hay un acuerdo en las altas esferas del poder en Guerrero (PRI-PRD) para cambiar de Auditor General a la mala? Esto es sospechosismo puro. Porque de que hay inconsistencias o aparentes irregularidades en el informe financiero presentado por la Auditoría las hay. Debe haberlas. No hay ente fiscalizable que no tenga cosas que aclarar. Pero esto es normal. Las entidades gubernamentales pueden hacer lo que quieran con su presupuesto siempre y cuando la Ley se los permita. Todo estriba en eso: apegarse al marco legal para ejercer el presupuesto. Y esto es lo que se revisa y se solventa. Otra cosa es el fraude en contra del erario pero no se trata de eso en este caso. Conozco a Ignacio Rendón Romero desde el año 2003 en que asistí a la primera reunión de la AGE con los ayuntamientos en Acapulco. Desde entonces a la fecha, casi siete años, solo avances he observado en el aspecto de definición y consolidación de la rendición de cuentas en el estado de Guerrero. Todavía no hay ningún expresidente municipal preso pero la misma ley prevé el procedimiento para ello y está fuera del alcance de la AGE. Al interior de la AGE hay capacitación de los auditores, diversos cursos, diplomados y maestrías; se fomenta el deporte y se impulsa la equidad de género. Al exterior se capacita a los ayuntamientos, se les provee de material normativo y se facilita la presentación de las cuentas públicas. Soy un empleado municipal del área contable que no pude terminar la carrera de contador. Lo que sé me basta para comprender que esto es político y si se ha llegado a la difamación y a la calumnia no parece ser de los más limpios (La Jornada admite que la información principal les fue filtrada, de lo que se deduce que hay factores interesados en la denostación del auditor). No soy nadie para meter las manos al fuego por el Sr. Rendón. Por eso me congratulo de la prudencia que ha mostrado en este problema y confío en que dentro de unos meses veremos resuelto este caso con Rendón fortalecido. July 01 JOVENES, DROGAS Y DIOS.De ninguna manera soy fecalista (creo que con López Obrador estaríamos mejor). Pero tampoco soy partidario de que “al perro más flaco se le carguen todas las pulgas” Hay un desgarrar de vestiduras porque, dicen, Calderón dijo que “los jóvenes caen en las drogas porque no creen en Dios”. El Gobierno del DF hasta va a realizar una campaña contra esa especie. http://www.jornada.unam.mx/2009/06/27/index.php?section=politica&article=003n1pol Calderón afirmó una cosa que es obvia y que solo los ciegos no quieren ver pero lo hizo de la manera más no-inteligente. Cayó en el pecado mortal de nombrar a Dios en una sociedad que acepta que algunos sectores crean en Dios pero a los que interiormente considera atrasados. Porque dejando lo electoral y lo político, abstrayéndose al asunto de fondo: ¿la carencia de un principio rector de la moral puede propiciar la caída en las drogas? Es obvio que la respuesta es un contundente sí. Claro que no es el factor determinante. Al vicio (drogas, prostitución, etc.) llevan factores sociales como la pobreza, la carencia de fuentes de empleo, la no existencia de políticas gubernamentales para dar una salida a la desesperación de las empobrecidas masas. Creo que hoy sigue vigente el principio de que “el ser social determina la conciencia social”. Pero permítaseme decir que en el ser social va implícito (dialécticamente) parte de la conciencia social resumida en una falta de fe en la necesidad de contar con valores morales. Esto lo proporciona la religión. Conozco universitarios de éxito que no creen en la existencia de Dios, gente muy valiosa para la sociedad que sin título universitario tampoco practica ninguna religión. El hecho de que muchos jóvenes caigan en las drogas es debido a la sociedad en que vivimos. Pero la falta de asideros morales también es un hecho innegable en esta sociedad. Pero lo dijo Calderón. June 17 Vientos, campos y caminos, Distancia…..¡qué cantidad de recuerdos!Camino por lo que alguna vez fue este brazo del río y recuerdo que había una isla en el medio, llena de verdor y luego uno llegaba al otro brazo, el más hondo. ¿Dónde fue que se perdió ese río? Este brazo llegaba a un remanso que era El Paderón, con su gran piedra que servía para tirarse clavados y los más atrevidos se metían debajo de la piedra. Fui algunas veces allí pero con miedo: a veces había ahogados. Yo me bañaba en La Poza de Chúe, allá arriba, por la Bomba. También allí había una gran piedra desde donde tirarse. Cuando me acuerdo de esos paisajes le doy la razón a los que dicen que todo tiempo pasado fue mejor. Pero eso quién sabe, merece una reflexión aparte. Alguna vez le traje café a mi abuela cuando vino a lavar. Había señoras en toda la orilla lavando; cuando yo llegué con el café para mi abuela pasó también la vendedora de enchiladas y atole. Era barato y muchas señoras compraban. Es una costumbre de mi gente tomar café al medio día. Pero estos se lo tomaban con el sol en la espalda. Y se reían y platicaban mientras mordían el pan o la enchilada. Yo era un niño. Y ahora, con más de medio siglo encima y con la edad a cuestas añoro el tiempo dela niñez cuando acompañaba a mis vecinos a darle agua a los caballos de Don Gilberto. Ellos iban al paso de nosotros, los de a pie. Solo algún desriendado se iba al galope con el peligro de atropellar a un chamaco. Ya había carros pero no como ahora se ven enfrente de los bancos y frente a La Juan. Don Gilberto murió de Desintería. Me recuerdo con los ojos muy abiertos viendo los preparativos del velorio cuando avisaron que se había muerto y sus hijos, muchos, andaban arreglando la casa. En esa casa nos juntábamos los días religiosos porque allí velaban la Virgen, Hacían el Nacimiento, había pozole y buñuelos. Eran muy religiosos los descendientes de Doña Benita y mientras las mujeres rezaban y los grandes esperaban afuera, nosotros los chamacos andábamos afuera tronando cuetes o jugando canicas. Hasta que llegaron chamacos de otras partes, más léperos, que se pusieron a hacer cosas con los animales. Hay una escena que forma pare de ese baúl de recuerdos y es que mientras en la casa se rezaba, nosotros atrás de la casa nos divertíamos diabólicamente con los perros. Creo que hasta a Calígula se hubiera abochornado al vernos. Yo era muy niño y no entendía mucho de lo que veía pero ya mis sentidos respondían y algo me indicaba que no era bueno lo que estaba sucediendo. Menos bueno fue para los hijos de Don Gilberto porque uno de los mayores salió a checar porqué había tanto silencio en el área de los chamacos y nos encontró. Les tocó una buena serie de cintarazos mientras les decían “chamacos del demonio”. Me veo corriendo en aquella noche de luna llena a eso de las diez de la noche rumbo a mi casa. “No andes viendo esas cosas” dijo mi amá cuando le platiqué mientras mi primo, al que un día llamaría El Matagente, se reía burlón y quería más detalles del suceso. Pero estaba diciendo del río solo que el recuerdo de Don Gilberto Roque me llevó a esa historia de los perros. Cuando ya fui más grande acompañé a otros amigos, también ya en la pubertad, al playón a jugar futbol. Pero ese Playón no era el que estaba en frente del mercado, este estaba más arriba, casi por el Inmecafé: Lo arregló Chano (con mal apodo) y El Tigre y otros muchachos. Allí jugábamos pero antes de que esa cancha agarrara forma atravesábamos la isla para llegar al Cuyotomate. Allí me tocó ver a los más grandes alegrarse cuando vieron una bestia. Esta vez ya no le platiqué a mi amá lo que pasó, solamente lo guardé en mi baúl de cosas insólitas, que una a una iban formando parte de mi paso de la niñez a la adolescencia. En el Cuyo recogíamos los frutos llamados cuyotomate mientras llegábamos al agua y nos echábamos. Había una playita en donde chutábamos o jugábamos una cascarita. Pero lo más emocionante para los demás era jugar al “tigre”. Uno se encargaba de perseguir a los demás y tocaba al que alcanzara. Luego este se encargaba de perseguir. Eso significa andar corriendo por los paderones y tirarse al agua de cualquier peñasco y nadar con la adrenalina de sentirse perseguido y no, yo no. Mejor me entretenía sumergiéndome en el agua y aguantar la respiración lo más que pudiera. Al salir con la cara hacia el sur, se veían las casas de los pocos edificios que entonces había en el centro de Atoyac. Allá estaba el pueblo. Quizá en la tarde fuera al Cine Alvarez a ver tres películas por uno cincuenta. No se sabe el origen de la rivalidad entre atoyaquenses y ticuiseños, la cosa es que se apedreaban y la línea fronteriza era el río. En el Cuyotomate, cuando estaba echado en la arena, cayó una piedra junto a mí y mis amigos pasaron corriendo alejándose del río. Eran los ticuiseños que nos estaban apedreando. Yo también corrí y cuando pude respirar entre jadeos me preguntaba porqué ese pleito. Nunca lo supe. Pero ahora El Ticuí es una colonia de Atoyac y ya no existe esa rivalidad. Dentro de poco tampoco existirá el río. Dentro de unos años, cuando tenga 17, ya no seré adolescente sino un joven que junto con otros muchachos borrachos vendremos al Cuyotomate a tocar la guitarra y beber y nadar. En una de esas hasta nos tomaremos fotos sobre las piedras que irán aflorando junto con la declinación del río. Luego los materialistas verán allí una mina y vendrán por las piedras y la arena hasta dejar este lugar Ahora tengo más de cincuenta y vine a caminar por aquí porque por aquí anduve cuando fui niño, adolescente y joven. Dejé el derby allá arriba donde se agarra el camino rumbo a Mexcaltepec y me puse a caminar por lo que fue el caudaloso brazo del río Atoyac. Ahora solo hay basura. Pero dentro de esta brechita, agazapados en las piedras y debajo de ese cauce, hay un montón de pequeñas cosas que están esperando que uno las evoque para asaltarlo y volverlas a vivir y, si nadie te ve, hasta podrías liberar una lágrima por el río y por tus recuerdos. May 19 Se levanta en el sol tu bandera---Es un pueblo con tres cuches y dos perros. Eso me dijeron cuando pregunté cómo era Cruz Grande. Al llegar al pueblo se ve imponente la bandera mexicana gigante del Batallón Militar. Siempre al terminar la subidita de las primeras casas, es el paisaje que se ve. Yo lo ví así en mis llegadas posteriores cuando manejaba una camioneta de redilas de la Empresa o mi Atlantic 69 en mis viajes Atoyac-Cruz Grande. Cuando llegué la primera vez no pude confirmar lo de los cuches y perros porque eran como las diez de la noche al bajar del autobús. Pregunté dónde estaba un hotel yla pregunta les sorprendió a los escasos transeúntes., como si dijeran ¿qué es eso? --Parece que deveras es un pueblo rascuacho—pensé. Ignorante de mí. Cruz grande representa hoy un bonito recuerdo de mi vida: sus gentes, sus costumbres, sus calles y hasta sus cuches y sus perros. La empresa que me mandó a Cruz Grande fue la Pepsi y llegué allí cuando por borracho me botaron de la Superior en donde yo era Responsable de Eventos Especiales, eufemismo para llamar al chofer que no tenía ruta asignada. Era el encargado de llevar cerveza, sillas y hieleras a los lugares en done se celebraría una boda, quince años, fiesta de lo que sea, espectáculo, etc. Es una anécdota que no me llena de orgullo pero que sin embargo es parte de mi vida: fui a Corral Falso a llevar cerveza al Centro Social Camino Real. Era una boda y el novio resultó ser un viejo amigo a quien hacía mucho que no veía: un borrachales. Le regalé un cartón de cerveza Sol y él se puso bien dándonos cervez fría de la barra del Camino Real. Eso fue como a las once de la mañana. Mis ayudantes eran dos y no eran personas que le pusieran mala cara a la cerveza; en cuanto terminaron de bajar el pedido se unieron al chupe y, bueno….. Eran las nueve de la noche cuando llegó Hugo, el gerente de Superior, acompañado de mi primo El Mecán, que trabajaba de mecánico en la empresa. Que les entregara las llaves de la camioneta, hazme el favor. No, claro. Yo era poseído del demonio del alcohol y le dije sus verdades al gerente y además, lo más importante, mi camioneta no la manejaba ningún pendejo. Así le dije. Manejé como loco rumbo a San Jerónimo y por Obra de Dios, que me tenía reservado para otras cosas, no me maté en el crucero de San Jerónimo a pesar de que lo pasé y repasé de tajo y revés sin ninguna precaución. Fue mi último día en Superior. Chocantes. La empresa que abrió sus brazos para recibirme fue la Pepsi de Enrique Molina, se llamaba Bebidas Purificadas de Acapulco. Allí me desempeñé como Supervisor de Ventas dos años. Mi desempeño fue correcto y se me dio oportunidad de ser Jefe de Ventas. La condición, me dijeron, era que tenía que trasladarme a Cruz Grande, un pueblo de Costa Chica. A la oportunidad la pintan calva y hay que agarrarla del único cabello que tiene. Dije que sí y en febrero de 1996 estaba subiendo en Ejido al autobús que me llevaría a una nueva aventura. Uno de los supervisores de Acapulco me dijo que no envidiaba mi suerte. ¿Cómo es Cruz Grande? Le pregunté. April 13 Los cristianos en la guerrahttp://www.bbc.co.uk/spanish/specials/images/1052_irak_guerra/3134739_timeline4.jpg Los religiosos protestantes en Estados Unidos (no todos pero sí la gran mayoría) votaron contra Obama. Se alinearon con el candidato de Bush, uno de los presidentes más reaccionarios de la historia. Cuando digo reaccionario me refiero no solo a oponerse al cambio inevitable de la sociedad y al avance progresista de la historia, sino también al caminar hacia atrás. Eso fue la Administración Bush y aunque el candidato republicano (¿cómo se llamaba, hombre?) quiso deslindarse de él, le fue imposible y quedaron indisolublemente ligados en la derrota. Esta entrada no va a ser un recuento de los errores garrafales de Bush; creo que no es necesario puesto que todo el mundo, incluido Bush, están conscientes de que la imagen de su administración fue en abono directo a la popularidad de Obama. La sociedad reclamaba un cambio y Barak lo capitalizó (justo como lo hizo Fox en México en el 2000). Pero el punto de hoy es que los que asisten a iglesias no católicas se aglutinaron en torno al candidato que iba a perder. Y no solo el día de la elección sino que en toda la gestión de Bush estuvieron apoyando sus barbaridades guerreras. Los protestantes se alinearon a favor de la guerra, las matanzas en Irak, las torturas a los prisioneros. En definitiva, los mensajeros de Cristo estuvieron levantando la bandera de Satanás. Ni siquiera nos preguntaremos si los cristianos deben apoyar la invasión a tal país o más simplemente, estar a favor de la guerra. Uno de los valores fundamentales del cristianismo es el pacifismo, ser pacificadores, no guerreristas. Al hacer lo contrario, los evangélicos se colocaron en la corriente que se opone al cambio: miles de años de historia de la humanidad han probado que las guerras en lugar de significar un avance no son sino el negocio de unos cuantos. Siempre ha sido así. El cambio es hacia delante: no a la guerra, sí a la negociación. El hecho es importante porque confirma una tendencia: la mayoría de las personas en el mundo irán calificando a los evangélicos como gente retrógrada, guerrerista y peligrosa, indeseable. No todos son así, repito, y qué bueno, como se vió en el triunfo de Obama. |
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